I know I can't stay by your side forever, but I know I won't forget your beauty, my Black Diamond.

miércoles, abril 19, 2006

Desperdicio

¿Hay algo peor que el sentimiento de haber desperdiciado mi vida? ¿Hay algo peor que el sentimiento de que todo lo que he hecho hasta ahora, fue en vano?

No cumplo con los patrones de una mujer promedio en la sociedad actual. No es ninguna novedad. Pero yo pensaba que todos mis esfuerzos por superarme, por ser una mejor persona, por absorber lo que se suele llamar “cultura”; iban a ser reconocidos.

Pero no.

¿A quién le importa que yo haya leído Shakespeare por pura iniciativa? ¿Para qué quise leer a Goethe, si cuando hago una cita, todos me miran asombrados? ¿De que me sirve tener en mi haber la incalculable obra de Faulkner? ¿Con quién voy a comentar la novela de Dostoievksy, si pareciera que nadie lo habría oído nombrar? ¿Para qué me esfuerzo en transmitir mis emociones en un blog, si a nadie le interesa, si nadie lo lee porque “es muy largo”? ¿Para qué intento que me comprendan, que comprendan mi mundo, si a nadie le parece atractivo? ¿Para qué intento sobrevivir cada día con la sociedad en contra, si nadie valora mis esfuerzos?

No pido imposibles, sino que me hagan un lugar.

Un lugar en esta comunidad hermética y monótona llamada sociedad. En donde lo único que importan son las apariencias. Donde las apariencias no engañan, ya que demuestran constantemente lo vacíos que son. Pero eso está bien, porque esta sociedad consumista y frívola se nutre de eso, se nutre de la estupidez. Somos todos muertos vivos, pensando que somos felices, que llevamos adelante una vida, sin darnos cuenta de que lo único que estamos haciendo es desgastándonos más y más.

Nos rodeamos de aquellas personas llamadas amigos. En aquellas personas en las que –pensamos– vamos a depositar las cargas de toda esta vida de vagabundeo, para poder descansar. Mentira. Aquellas personas que poseen este título abstracto e incoherente de “amigo”, lo único que hacen es darnos una solución momentánea y escasa, mientras por el otro lado dejan al descubierto la peor parte de nuestra personalidad.

La confianza.

Pero peor que la confianza, es el amor. El amor es quien nos termina de hundir en la desesperación de no ser más que simples mortales. ¿Quién no ha soñado alguna vez, con la llegada de un príncipe o princesa, que ha venido a nuestras vidas para aliviar nuestro sufrimiento, para estar junto a nosotros por siempre? Sabemos que son puras imaginaciones, que nunca será posible; pero nos mentimos, nos mentimos a nosotros mismos y caemos en el cliché de buscar “nuestra otra mitad”. Otra gran mentira hecha para angustiarnos.

En momentos como éste, en el que el escepticismo me domina, solo el cinismo me salva del suicidio. Entonces, me pregunto, ¿es que acaso los laboratorios que producen antidepresivos manejan el mundo?

1 Fantasías:

toshi dijo...

Digamos que los laboratorios que producen psicotropicos
saben que con sus productos pueden manejar un poquito mejor
a quienes no pudieron soportar la hermosura del mundo.

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Elizabeth Lönnrot
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